T odo el mundo se puede ver afectado por cambios en el trabajo; de hecho, es lo normal, cambiar de puesto, departamento, empresa o incluso sector.

 

En sí mismos, estos cambios no son buenos ni malos, sino que dependen de la perspectiva desde la que los veamos. En ello puede jugar un papel importante la empatía: gracias a ella podemos afrontarlos con optimismo, haciendo que el cambio acabe teniendo consecuencias positivas para nosotros.

Los cambios pueden ocurrir por dos razones: bien por nuestra propia decisión, bien impuestos por un factor externo. En cuanto a los primeros, si ocurren porque nosotros tomamos la iniciativa, habitualmente se encaran con optimismo: se hacen para mejorar, o con la expectativa de lograr beneficios futuros. En cambio, con el segundo tipo, los que nos vienen impuestos, podemos tener el temor de que sean a peor.

Por ejemplo, no es lo mismo cambiar de empresa por propia decisión, para trabajar en otro sitio que nos gusta más, que cambiar porque nuestra empresa ha sido absorbida por otra. El resultado en los dos casos es el mismo, pero las motivaciones son distintas. En el segundo supuesto, es un cambio que ocurre sin nuestra participación, y no sabemos qué consecuencias puede tener, pero una persona puede temerse lo peor: cuando una empresa es absorbida por otra, suele haber despidos entre el personal.

En esta situación, la empatía puede ayudar a una persona a encarar el cambio con optimismo. Gracias a ella, en vez de preocuparnos por el posible despido, seguiremos trabajando igual que hasta ese momento, o incluso más y mejor, ya que esta compra por parte de una nueva empresa puede generar nuevas oportunidades a quién sepa aprovecharlas.

Si no hacemos uso de la empatía, es fácil que nos asalten los temores: “seremos de los primeros en ser despedidos”; “y dónde encuentro trabajo yo ahora, con lo difícil que está todo”; “se acabaron los gastos extra”… Aunque finalmente no seamos despedidos, habremos pasado por una mala época que puede tener incidencias tanto en nuestra vida profesional como en la personal.

Otro cambio que podemos afrontar sin tomar nosotros la decisión es cambiar de departamento dentro de la misma empresa. Tras llevar varios años en el mismo, tenemos un conocimiento del puesto y de los compañeros que alimentan nuestra seguridad y confianza. Cambiar a otro nos puede crear incertidumbres y dudas: ¿por qué tengo que cambiar yo?

Para afrontar esta situación con empatía, primero deberíamos hablar con nuestro superior, para entender los motivos del cambio y, si no nos convencen, explicarle nuestra situación y dudas. Si no logramos convencerle o bien se trata de algo a lo que nos obliga la empresa sin otras posibilidades, hay que buscar el lado positivo al cambio. La empatía nos ayudará a apreciar los beneficios que nos puede aportar conocer otro departamento y a otros compañeros de la empresa, con sistema de trabajo distintos al nuestro: enriquecimiento profesional y un mayor conocimiento de la compañía, que puede ayudarnos en el futuro a tener una visión privilegiada y optar a mejores puestos.

Imagen cortesía de Unsplash

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Aplicar la empatía en una época de cambio profesional

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